Crónica del primer día by: Katanas y colegialas


Ayer empezamos algo que hacía ya casi un año que estábamos esperando, la 11ava edición del Festival Nits de Cinema Oriental, como todos sabéis ya, el mayor festival de cine asiático en nuestro país, con películas, gastronomía y otros actos relacionados; y que este año está especialmente dedicado a Filipinas, un país con un cine que la verdad es que hasta ahora nos era bastante desconocido.




El día de la inauguración ha sido completamente filipino, y es que “It’s more fun in the Philippines”.
Después de llegar y, como siempre, ser muy bien recibidos por todo el equipo del festival, así como reencontrarnos con algunos conocidos (ya sabéis, esa gente que vas viendo en los festivales y que ya se están convirtiendo en asiduos a éste: Domingo López y Bea González, Omar Parra de Terror Weekend, La princesa prometida y El blog que falta en Sitges, Ismael de Approaching to the east); empezamos con las tres películas filipinas que nos completarán el día, eso sí, sin haber mirado mucho de qué iban a tratar o lo que nos íbamos a encontrar, porque últimamente hemos decidido que preferimos sorprendernos que tener una idea preconcebida y no poder satisfacerla o que sea exactamente lo que pensábamos y no tener esa sorpresa.

La primera de las películas fue Graceland, quizás un poco dura para empezar a esas horas de la tarde, pero muy recomendable; la película nos adentra en el mundo de la prostitución infantil en Filipinas, y vemos a un político corrupto al que le gusta ese rollo y a su ayudante que tiene una hija de la misma edad que la de su jefe. Con un principio bastante impactante, una de las niñas es asesinada y la otra secuestrada, pero el secuestrador pedirá un rescate al político por las dos; así, después de intentar investigar quien ha podido ser y sospechar de todos, decidirá pagar el rescate, pero no será tan fácil.

Después de salir de este drama algo intenso, la organización nos tenía preparado un thriller del mismo país: Kabisera. Éste trata sobre el narcotráfico en un pequeño pueblo, pero de una forma bastante original. Un pescador descubre un día 100 kilos de metaanfetamina flotando en el mar, sin saber que hacer al principio, acaba recurriendo a un amigo suyo que está algo metido en el mundillo de los bajos fondos del pueblo; así empezarán a venderla y a ganar dinero, pero tendrán que involucrar a muchas personas para ello y no podrán confiar en todas, además de ser perseguidos por la DEA y por una banda Malasia auténticos dueños de la droga; todo esto se irá mezclando con los problemas familiares y personales del protagonista.



Y ya se nos ha hecho la hora de cenar, acudimos a una auténtica fiesta para la comunidad Filipina que es la Lechón Party, dónde se asan lechones a fuego lento para comerlos todos juntos, y vemos como los lechones se van asando y cortando para servirlos mientras algunas chicas de la comunidad Filipina de Barcelona nos hacen unos bailes tradicionales, y luego mientras una escuela de artes marciales nos recrea diferentes estilos filipinos de lucha: boxeo, lucha con puñales, con espadas, con bastones, mezcla de todo…

Acabamos la noche en la mítica Bassa Los Hermanos, dónde disfrutamos de todas las cenas y sesiones nocturnas del festival y que ayer tenía una afluencia de gente espectacular, quizás la vez que más llena la he visto; con la película más esperada del día: Blue Bustamante, una comedia sobre unos arquitectos filipinos que vana  buscar trabajo a Japón y que, al ser despedidos acaban trabajando en un show de televisión llamado Force Five y que emula a los clásicos Super Sentai, en dónde el protagonista hace de especialista para las escenas de lucha de Blue Force. La película no trata sobre el show, sino sobre algunas experiencias de los protagonistas en Japón, sin conocer el idioma, ni tener amigos, ni saber exactamente qué hacer, y sobre la relación del protagonista con su familia que se quedó en Filipinas y a la que no quiere defraudar.